Cuando ponemos nuestra atención en los pensamientos negativos, se vuelven repetitivos y hasta obsesivos, llevándonos a imaginar las cosas que pudieran suceder de la peor manera; inmediatamente esos pensamientos activan algunas de nuestras emociones, y en poco tiempo comenzamos a sentirnos afectados, alterados, hasta el punto en algunos casos de experimentar síntomas que nos preocupan, llenándonos de estrés o ansiedad. ¡Evitemos navegar en ellos!